Georgina Duluc es una de las figuras más sólidas y respetadas de la comunicación. Su carrera ha sido el resultado del esfuerzo, la preparación constante y una visión clara de superación. A lo largo de los años ha demostrado que el profesionalismo, la elegancia y la coherencia pueden convivir perfectamente con la popularidad y el éxito.
No obstante, su brillo no ha sido bien recibido por todos. En un medio donde abunda la competencia desleal, existen comunicadores y faranduleros que, movidos por la envidia y la frustración, se niegan a reconocer sus méritos. Prefieren desacreditar, minimizar o simplemente ignorar una trayectoria que habla por sí sola. Estas actitudes revelan más sobre sus propias carencias que sobre la calidad profesional de Georgina.

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