Cuando una ley intimida a la prensa, también silencia al pueblo


 Por Ezequiel Nova 

La democracia no se debilita por culpa de una prensa libre. Se debilita cuando quienes tienen el poder encuentran mecanismos para limitar la crítica, desalentar la investigación y sembrar el miedo entre quienes informan. Por eso, el proyecto de ley sobre libertad de expresión ha despertado una profunda preocupación en República Dominicana.

Aunque sus defensores afirman que busca regular el ejercicio de la comunicación y proteger derechos como el honor y la intimidad, la realidad es que diversos periodistas, comunicadores y propietarios de medios digitales temen que esta legislación termine convirtiéndose en una herramienta para intimidar a la prensa, especialmente a los medios independientes que no cuentan con grandes recursos para enfrentar procesos judiciales o sanciones económicas.

Los grandes grupos de comunicación tienen estructuras legales y respaldo financiero. Los pequeños medios digitales, que muchas veces destapan casos de corrupción, denuncian abusos de poder y dan voz a comunidades olvidadas, serían los más vulnerables. Una sola demanda podría poner en riesgo años de trabajo periodístico.

El peligro de una ley con disposiciones ambiguas no siempre está en la censura directa. También existe la censura por miedo. Cuando un periodista comienza a preguntarse si una investigación puede costarle su patrimonio o el cierre de su medio, la sociedad pierde mucho antes de que se publique la primera noticia.

Quienes actúan con transparencia no deberían temer a una prensa que investiga y cuestiona. La fiscalización del poder no es un delito; es una obligación del periodismo y un derecho de la ciudadanía.

República Dominicana necesita leyes que fortalezcan la libertad de expresión, no normas que puedan interpretarse como instrumentos para limitarla. El combate contra la desinformación y la protección de la reputación de las personas son objetivos legítimos, pero jamás pueden servir de pretexto para debilitar el derecho del pueblo a conocer la verdad.

Una democracia sin periodismo crítico es una democracia más frágil. Cuando se intimida a los medios de comunicación, no solo pierde un periodista o un medio digital: pierde toda la sociedad.

El Congreso Nacional tiene la responsabilidad histórica de garantizar que cualquier reforma fortalezca las libertades y no abra la puerta a mecanismos que, bajo el argumento de regular, terminen restringiendo uno de los derechos más esenciales de un Estado democrático: la libertad de informar y de ser informado.

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