Por Ezequiel Nova
Santo Domingo, República Dominicana. — Los recientes movimientos sísmicos registrados en distintas partes del mundo vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que República Dominicana no puede ignorar: ¿qué tan preparada está la nación para enfrentar un terremoto de gran magnitud?
La respuesta no es sencilla. El país ha desarrollado instituciones, reglamentos, planes de emergencia y programas de evaluación de edificaciones; sin embargo, todavía existe el desafío de reducir la vulnerabilidad de una parte importante de la infraestructura existente y fortalecer la cultura de prevención entre la población.
República Dominicana está ubicada en una región sísmicamente activa y tiene antecedentes que obligan a tomar el riesgo con seriedad. El terremoto ocurrido el 4 de agosto de 1946 constituye uno de los principales recordatorios históricos: ONESVIE registra aquel evento como uno de los terremotos más importantes de la historia sísmica nacional, con una magnitud reportada de alrededor de 8.1 en las referencias institucionales.
El país cuenta con una estructura oficial de prevención
República Dominicana dispone de la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (ONESVIE), organismo encargado de contribuir a la reducción del riesgo sísmico mediante la evaluación de edificaciones e infraestructuras.
La institución mantiene actualmente programas de evaluación y mitigación de vulnerabilidad sísmica y, en 2026, continúa desarrollando iniciativas en diferentes zonas del país, incluyendo proyectos dirigidos a edificaciones históricas y acciones de coordinación con autoridades locales.
Esto representa un avance importante, porque una de las claves para enfrentar un terremoto no consiste únicamente en saber cómo responder después del desastre, sino en conocer cuáles edificaciones presentan mayor vulnerabilidad antes de que ocurra.
Existe un reglamento sísmico
Otro elemento importante es que el país cuenta con el Reglamento R-001 sobre Análisis y Diseño Sísmico de Estructuras, que establece criterios técnicos para que las edificaciones sean diseñadas considerando las amenazas sísmicas.
Además, el Ministerio de Vivienda, Hábitat y Edificaciones dispone de reglamentaciones complementarias, como el R-024 sobre Estudios Geotécnicos en Edificaciones, que establece requisitos mínimos para los estudios del terreno en proyectos de construcción.Y en 2026 se produjo otro paso relevante: el Ministerio de Vivienda, Hábitat y Edificaciones publicó la Resolución 007-2026, relacionada con la entrada en vigencia del Código de Construcción de la República Dominicana aprobado por el Consejo Nacional de Reglamentos Técnicos.
El desafío, por tanto, no es solamente tener reglamentos. Es garantizar que se cumplan rigurosamente, especialmente en nuevas construcciones y en proyectos de gran importancia.
El gran problema: las edificaciones existentes
Aquí podría encontrarse uno de los mayores retos del país.No todas las edificaciones fueron construidas bajo los estándares actuales. Existen viviendas y estructuras levantadas hace décadas, edificaciones modificadas posteriormente y construcciones que han sufrido ampliaciones sin necesariamente contar con una evaluación integral de su comportamiento ante un terremoto.
Por eso, una política nacional de prevención debe continuar priorizando la evaluación de hospitales, escuelas, puentes, edificios públicos, instalaciones de servicios esenciales, grandes centros comerciales y otras estructuras donde se concentra una gran cantidad de personas.
La prevención sísmica debe mirar tanto hacia las construcciones nuevas como hacia las que ya existen.
Más de 2.8 millones de personas participaron en un simulacro
Uno de los datos más importantes sobre la preparación ciudadana es el Gran Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto.
Según ONESVIE, en uno de estos ejercicios participaron más de 2.8 millones de personas. El escenario planteado simuló un terremoto de magnitud 7.2, con una duración de 15 segundos y una profundidad de 24 kilómetros, con epicentro entre las provincias de Santiago y La Vega.
Este tipo de ejercicio permite poner a prueba los protocolos de evacuación, la coordinación de las instituciones y la capacidad de respuesta de la ciudadanía.
Además, el Centro de Operaciones de Emergencias mantiene un Plan Nacional de Terremoto, junto con un Plan Nacional de Emergencias y un Plan Familiar de Emergencias.También falta convertir la prevención en una cultura nacional
El país puede tener buenos reglamentos y organismos preparados, pero existe una pregunta fundamental:
¿Sabe cada familia qué hacer durante los primeros segundos de un terremoto?
¿Dónde debe protegerse? ¿Cuál es el punto de encuentro de la familia? ¿Qué hacer si el terremoto ocurre mientras los niños están en la escuela? ¿Qué ocurre si se interrumpen las comunicaciones? ¿Tenemos una mochila de emergencia?
La preparación no puede depender exclusivamente del Gobierno.
Las empresas, escuelas, universidades, hospitales, iglesias, juntas de vecinos y familias deberían tener planes actualizados y realizar simulacros periódicamente.
La cooperación internacional también juega un papel
República Dominicana ha fortalecido sus capacidades mediante cooperación internacional. ONESVIE desarrolla programas de capacitación y fortalecimiento de la ingeniería sísmica con apoyo de Japón y de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), con el objetivo de mejorar las capacidades nacionales para diagnosticar la resistencia sísmica de las edificaciones.
Esta cooperación es importante, pero debe complementarse con una política nacional sostenida y con recursos suficientes para evaluar y reforzar las estructuras más vulnerables.
¿Está preparada República Dominicana?
La respuesta más responsable sería: República Dominicana está mejor preparada que hace décadas, pero todavía no está completamente preparada para un terremoto de gran magnitud.
Tenemos instituciones especializadas, reglamentos técnicos, planes nacionales, simulacros y cooperación internacional. Sin embargo, el tamaño del país, el crecimiento urbano y la existencia de edificaciones antiguas hacen necesario continuar avanzando.
El propio trabajo de ONESVIE demuestra que la reducción del riesgo sísmico continúa siendo una tarea pendiente y permanente. La institución ha insistido en la necesidad de fortalecer las edificaciones que no cumplen con los criterios de seguridad sísmica en zonas vulnerables.
Lo que República Dominicana debe fortalecer
Entre las prioridades deberían estar:
Acelerar la evaluación sísmica de edificaciones existentes.
Priorizar hospitales, escuelas, puentes y servicios esenciales.
Garantizar el cumplimiento estricto de los reglamentos de construcción.
Reforzar las estructuras que presenten vulnerabilidad.
Realizar simulacros nacionales y comunitarios con mayor frecuencia.
Fortalecer la educación sísmica desde las escuelas.
Promover planes familiares de emergencia.
Mejorar la coordinación entre las instituciones de respuesta.
Continuar capacitando ingenieros y profesionales especializados.
Mantener actualizados los planes nacionales y municipales de emergencia.
No se puede predecir el terremoto, pero sí reducir sus consecuencias
Los terremotos no pueden predecirse con exactitud. Tampoco existe una fecha que permita saber cuándo ocurrirá el próximo gran evento en territorio dominicano.Lo que sí puede hacerse es reducir la vulnerabilidad.
La diferencia entre un terremoto que provoque daños considerables y una tragedia nacional puede estar determinada por la calidad de las edificaciones, la preparación de los organismos de emergencia y el conocimiento que tenga la población sobre cómo actuar.
Por eso, la discusión no debería comenzar después de que ocurra un terremoto.Debe comenzar ahora.
República Dominicana no puede impedir que la tierra tiemble. Pero sí puede trabajar para que, cuando vuelva a temblar con fuerza, el país esté mucho mejor preparado.

0 Comentarios