Por Ezequiel Nova
El anuncio de los artistas que formarán parte del Festival Presidente vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que muchos fanáticos se están haciendo: ¿el festival está apostando realmente por sorprender al público dominicano?
Nombres como Milly Quezada, Juan Luis Guerra y otros artistas dominicanos de enorme trayectoria son indiscutiblemente importantes para la historia musical del país. Nadie puede negar sus aportes ni el cariño que han construido durante décadas.
Sin embargo, un festival de la magnitud del Presidente no puede vivir únicamente de la nostalgia.
El público dominicano ha cambiado. Hoy tiene acceso prácticamente inmediato a conciertos, festivales y presentaciones internacionales a través de las redes sociales y las plataformas digitales. Por eso, cuando se anuncia un evento que pretende ser uno de los grandes espectáculos musicales del país, la expectativa es mucho mayor.
Y ahí está el reclamo de una parte importante del público: quieren artistas internacionales que no vengan constantemente a República Dominicana.
No se trata de sacar a los grandes artistas dominicanos del festival. Al contrario, deben tener su espacio. Pero el evento necesita combinar nuestra historia musical con propuestas internacionales que generen ese efecto de: “Tengo que estar ahí porque quizás no vuelva a verlo en mucho tiempo”.
El Festival Presidente tiene la capacidad económica, logística y de producción para traer figuras de primer nivel que todavía tienen poca presencia en los escenarios dominicanos.
¿Por qué no apostar por artistas que nunca, o pocas veces, hayan actuado en el país? ¿Por qué no presentar combinaciones inesperadas de géneros y generaciones? ¿Por qué no convertir nuevamente el anuncio del cartel en un acontecimiento continental?
El público no quiere solamente nombres famosos; quiere experiencias nuevas.
El festival necesita recuperar ese factor sorpresa que en otras épocas hacía que los dominicanos hablaran durante semanas de quiénes vendrían, qué espectáculo presentarían y qué artista internacional finalmente pisaría el escenario.
La nostalgia vende, pero la innovación es la que mantiene vivo un festival.
República Dominicana tiene un público musical enorme y exigente. Merece disfrutar de Juan Luis Guerra, Milly Quezada y otras leyendas, pero también merece descubrir en vivo a grandes estrellas internacionales que todavía no hayan convertido al país en una parada habitual de sus giras.
El mensaje del público parece claro:
Queremos nuestras leyendas, sí. Pero también queremos artistas que nos hagan decir: “¡Eso nunca lo habíamos visto aquí!”
El Festival Presidente tiene la oportunidad de volver a hacer historia. La pregunta es si se atreverá a hacerlo.

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