Hay algo que en República Dominicana parece imperdonable: destacar demasiado

Por Ezequiel Nova

Humberto Linder ganó el Mister Grand International 2026 y, en lugar de que la conversación se concentre en su preparación, su triunfo y la representación de República Dominicana, las redes sociales se han convertido en un tribunal donde cualquiera se siente con derecho a cuestionarlo, burlarse de él y hasta descalificar su logro.

¿Pero saben qué es lo verdaderamente curioso?

Que si hubiera ganado por cantar, bailar o jugar béisbol, probablemente estaríamos aplaudiéndolo sin tanta discusión. Pero como ganó un concurso de belleza, ahora resulta que hay que pedirle disculpas a quienes consideran que “no es tan bonito”.

¡Por favor!

La belleza no se somete a una votación en redes sociales después de que termina un concurso. Hay quienes consideran a Linder espectacular y otros que simplemente no lo ven así. ¿Y cuál es el problema?

Lo verdaderamente preocupante es otra cosa: ¿por qué a tantas personas les molesta que un hombre sea reconocido públicamente por su físico?

¿Será que todavía estamos frente a una sociedad que tiene dificultades para aceptar que un hombre pueda ser admirado por su belleza?

Porque cuando una mujer gana un certamen, estamos acostumbrados a hablar de su corona, su figura, su rostro, su elegancia y su presencia. Pero cuando un hombre recibe exactamente el mismo tipo de reconocimiento, aparecen las burlas, los cuestionamientos y esa extraña necesidad de demostrar que “no es para tanto”.

¿Doble moral?

Y aquí viene lo más polémico:

Muchos de los que hoy escriben desde sus teléfonos que Linder “no es tan bonito” probablemente jamás se atreverían a pararse frente a un escenario internacional, someterse a una competencia, exponerse públicamente ante miles de personas y asumir la responsabilidad de representar a un país.

Es muy fácil convertirse en juez cuando el único esfuerzo consiste en deslizar el dedo por una pantalla.

Podemos cuestionar el concurso. Podemos discutir el criterio de los jueces. Podemos tener gustos completamente diferentes. La belleza, al final, es subjetiva.

Pero atacar personalmente al ganador porque no coincide con nuestro concepto de belleza es otra cosa.

Humberto Linder no necesita que todos lo consideren hermoso. Necesita que respetemos su logro.

Y quizás la pregunta que deberíamos hacernos no es si él es realmente “el hombre más bello de República Dominicana”.

La pregunta es:

¿Por qué en este país nos cuesta tanto ver a alguien triunfar sin intentar bajarlo de la cima?

Porque parece que hay personas capaces de tolerar cualquier cosa, menos ver al otro brillar.

Y si ser guapo, ganar un título internacional y convertirse en tendencia es suficiente para provocar semejante tormenta...

¡Entonces que siga la tormenta!

Humberto Linder tiene una corona.

Los demás tienen comentarios.

Y entre una corona y un comentario de Instagram, la historia ya sabemos cuál recuerda.

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