Por Ezequiel Nova
La decisión de Santiago Matías de formalizar ante la Junta Central Electoral (JCE) la solicitud para registrar el partido “Dominicanos Primero” marca un punto de inflexión que merece ser analizado con seriedad, más allá de las burlas, los cuestionamientos y las posiciones encontradas que inevitablemente ha generado.
Porque hay una pregunta que resulta válida: ¿por qué debería sorprender o incomodar que una figura surgida de los medios de comunicación decida incursionar en la política?
Durante años, la política dominicana ha estado dominada por estructuras tradicionales, dirigentes con largas trayectorias partidarias y familias vinculadas históricamente al poder. Sin embargo, la sociedad ha cambiado y también han cambiado las formas de comunicación, participación y construcción de liderazgo.
Santiago Matías representa precisamente una parte de esa transformación.
Desde los medios digitales ha conseguido construir una plataforma con una capacidad de convocatoria difícil de ignorar. Ha logrado poner temas en la agenda pública, generar conversaciones que trascienden las redes sociales y conectar con sectores de la población que, en muchos casos, mantienen una relación distante con las estructuras políticas tradicionales.
Ahora pretende trasladar esa capacidad de convocatoria al terreno electoral.
¿Será fácil? No.
¿Tiene garantizado el éxito? Tampoco.
Pero una cosa sí debe quedar clara: tiene derecho a intentarlo.
La democracia no puede convertirse en un espacio reservado exclusivamente para quienes han desarrollado toda su carrera dentro de un partido político. Si un comunicador, empresario, profesional o ciudadano decide organizarse y presentar una propuesta política dentro del marco institucional, corresponde a la sociedad evaluar esa propuesta y, finalmente, al electorado decidir.
El origen profesional de una persona no determina automáticamente su capacidad para hacer política.
De hecho, muchos dirigentes que hoy ocupan posiciones relevantes no comenzaron sus carreras como estadistas. La experiencia política, en buena medida, se construye con el tiempo, la formación, el ejercicio público y la responsabilidad frente a los ciudadanos.
Sin embargo, también sería ingenuo pensar que la popularidad digital es suficiente para construir una organización política.
Tener millones de reproducciones no equivale a tener un partido. Tener seguidores no significa tener militantes. Ser tendencia no significa estar preparado para gobernar.
Y precisamente ahí estará el mayor desafío de Santiago Matías.
Si pretende que “Dominicanos Primero” sea tomado en serio, tendrá que demostrar que existe un proyecto político más allá de su figura personal.
Tendrá que presentar propuestas concretas, construir una estructura nacional, rodearse de profesionales capacitados y explicar con claridad qué plantea frente a problemas como la inseguridad ciudadana, el costo de vida, el desempleo, la salud, la educación, la corrupción y las desigualdades sociales.
También tendrá que aceptar algo inevitable: el escrutinio público será mucho mayor.
Cada declaración será cuestionada. Cada decisión será analizada. Cada integrante de su estructura será observado. Y cada propuesta tendrá que resistir el debate público.
Pero ese es precisamente el precio de entrar a la política.
Por eso, quienes cuestionan a Santiago Matías tienen todo el derecho de hacerlo. Quienes no confían en su proyecto también tienen derecho a expresar sus dudas.
Lo que no debería ocurrir es pretender que, por provenir del mundo de la comunicación digital, no tenga derecho a participar.
La democracia no se defiende cerrándole las puertas a los nuevos actores; se defiende permitiendo que compitan bajo las mismas reglas y dejando que los ciudadanos decidan.
Santiago Matías ha decidido dar el paso.
Ahora tendrá que demostrar que puede convertir influencia en organización, popularidad en propuestas y una audiencia digital en una estructura política capaz de competir democráticamente.
Y si fracasa, serán los ciudadanos quienes tendrán la última palabra.
Pero si tiene éxito, la política dominicana tendrá que reconocer una realidad que ya está frente a nosotros: los nuevos liderazgos no necesariamente nacen dentro de los partidos tradicionales. Algunos nacen en las plataformas donde hoy se informa, conversa y participa una parte importante de la sociedad.
Por eso, más que reírse del intento, lo sensato es observarlo, cuestionarlo y exigirle resultados.
Santiago Matías ya puso su proyecto sobre la mesa.
Ahora le corresponde demostrar qué hay detrás del nombre “Dominicanos Primero”.
Y al final, no serán los periodistas, los influencers, los adversarios políticos ni las redes sociales quienes decidirán.
Serán los dominicanos en las urnas.
El tiempo dirá si estamos ante una verdadera renovación de la política dominicana o ante otro intento de alcanzar el poder.
Por ahora, una cosa es segura:
el debate apenas comienza.

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