Por Ezequiel Nova
Santo Domingo.— El caso de Karen Yapoort ha encendido las redes sociales, pero detrás de los comentarios, las críticas y las especulaciones existe una pregunta mucho más incómoda: ¿por qué cuando una mujer atraviesa una crisis sentimental son muchas veces otras mujeres las primeras en lanzarse contra ella?
Esta situación vuelve a poner sobre la mesa un viejo problema social: la doble moral con la que hombres y mujeres son juzgados cuando se habla de relaciones, infidelidades y conflictos de pareja.
Cuando un hombre es señalado por tener varias mujeres, muchos lo convierten en motivo de orgullo, lo celebran y hasta lo presentan como un “galán”. Pero cuando una mujer queda en el centro de una controversia sentimental, rápidamente aparecen los insultos, las burlas y los juicios.Y ahí es donde debemos detenernos.
¿Por qué la mujer tiene que ser perfecta para recibir solidaridad?
No se trata de afirmar que Karen tenga o no tenga razón. Tampoco de convertir las redes sociales en un tribunal donde personas que desconocen lo ocurrido dicten sentencia.
Se trata de algo más profundo: una mujer puede equivocarse, puede estar pasando por un momento difícil y aun así merece respeto.
El caso de Karen debería servir para cuestionarnos como sociedad. Porque resulta preocupante que algunas mujeres esperen el momento de vulnerabilidad de otra para atacarla, burlarse de ella o intentar destruir su imagen.
¿Dónde quedó el apoyo entre mujeres?
La sororidad no significa defender ciegamente a otra mujer. Significa no disfrutar de su dolor, no utilizar sus problemas como entretenimiento y no convertir una situación personal en una oportunidad para humillarla.
Hoy es Karen Yapoort. Mañana puede ser cualquier mujer que esté leyendo, comentando o compartiendo esta historia.Y quizás la pregunta no sea solamente qué pasó dentro de una relación.
Quizás la verdadera pregunta sea:
¿Estamos construyendo una sociedad donde las mujeres se levantan unas a otras o una donde esperan la caída de otra para sentirse superiores?
Porque mientras algunas celebran al hombre que presume de conquistar a varias mujeres, a la mujer que queda expuesta se le exige dignidad, silencio, perfección y hasta explicaciones.
Ya es hora de acabar con esa doble vara.Las mujeres no tienen que convertirse en enemigas para demostrar quién es más bonita, más exitosa, más deseada o quién tiene la vida perfecta.
Una mujer que apoya a otra no pierde protagonismo. Gana humanidad.Y quizás el verdadero mensaje que deja este caso sea precisamente ese: menos piedras, menos burlas y más solidaridad entre mujeres.

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