Por Ezequiel Nova
En medio de una televisión y un ecosistema digital donde cada vez abundan más los contenidos construidos alrededor del escándalo, la exposición personal, la vulgaridad, la confrontación y, en algunos casos, afirmaciones que pueden afectar la reputación de terceros, la llegada de “Bemberé”, el programa de Alfonso Rodríguez por Color Visión, merece algo más que una simple crítica superficial.
El espacio se estrenó el 5 de octubre por Color Visión, en horario de 8:00 a 9:00 de la noche, retomando el concepto de un programa que Rodríguez había realizado en Telecentro en el año 2000. La propuesta combina humor, música, información, parodias y diferentes segmentos, con la intención declarada de ofrecer entretenimiento sin convertir la política ni los temas deprimentes en el centro de la propuesta.
Y aquí aparece la primera pregunta: ¿por qué una propuesta con estética y espíritu “ochentero” o de televisión tradicional tendría que ser considerada vieja o aburrida?
La nostalgia no necesariamente significa atraso.Hay formatos que sobreviven porque tienen algo que muchas producciones modernas han ido perdiendo: estructura, personajes, guion, humor, música, entretenimiento y una intención clara de hacer televisión.
“Bemberé” no pretende competir únicamente por quién grita más, quién genera el mayor escándalo o quién consigue una reacción viral. Su apuesta parte de una televisión mucho más reconocible: sentarse frente a la pantalla, entretenerse y disfrutar de diferentes talentos.
Y eso, precisamente, puede ser una virtud.El éxito del primer día abre una discusiónSe ha destacado que “Bemberé” logró una fuerte recepción en su primera emisión y fue señalado como el programa más visto de su estreno. Ese dato debe manejarse con la fuente de medición correspondiente para convertirlo en una afirmación plenamente verificable.
Pero incluso dejando las cifras a un lado, hay algo interesante: existe público para una televisión diferente.
La propia Color Visión presentó el espacio como una propuesta destinada al encuentro, la conversación, el entretenimiento y la sana diversión familiar.
Además, la medición de Media Express ya había mostrado durante el verano que Color Visión tenía un desempeño destacado en determinadas categorías de consumo televisivo, aunque los resultados variaban según el género.
Por tanto, el fenómeno de “Bemberé” también puede leerse desde otra perspectiva: quizás la audiencia no está cansada de la televisión; quizás está cansada de que le ofrezcan siempre lo mismo.
¿Qué tiene de malo el contenido “ochentero”?
Absolutamente nada.Lo verdaderamente importante no es si un programa parece de los años 80, 90 o 2000. La pregunta debería ser:
¿Qué le aporta al espectador?
Un contenido puede ser moderno, utilizar inteligencia artificial, formatos verticales, redes sociales y tecnología de última generación y, aun así, carecer de profundidad.
También puede ocurrir lo contrario: un programa con estética clásica puede ser entretenido, creativo y capaz de conectar con diferentes generaciones.
De hecho, “Bemberé” combina elementos tradicionales con herramientas actuales. La producción ha anunciado el uso de inteligencia artificial y formatos verticales para conectar también con las audiencias jóvenes.
Entonces, reducirlo a “televisión vieja” sería quedarse solamente con la apariencia.
Más allá del lodazal
La discusión más importante está en otro lugar.
Hoy existe una enorme cantidad de contenido que consigue atención mediante la controversia. El problema aparece cuando el entretenimiento termina dependiendo de la humillación, los ataques personales, la vulgaridad o la difusión de acusaciones sin suficiente sustento.
Eso no significa que toda crítica, confrontación o lenguaje fuerte sea negativo. La televisión también tiene derecho a ser irreverente.
Pero una cosa es provocar y otra es convertir la provocación en el único contenido disponible.
Ahí es donde “Bemberé” puede representar una alternativa.
Su concepto incluye humor, música, información, parodias y segmentos de entretenimiento. Incluso cuenta con espacios como “Bemberé Explicada”, “The Canto”, “TurraMatch” y una búsqueda de nuevos talentos.
Eso abre posibilidades para una televisión que no tenga que depender exclusivamente del morbo para conseguir audiencia.
Educar también puede hacerse entreteniendo
Existe una idea equivocada de que educar significa convertir un programa en una clase.
No necesariamente.
El humor puede educar.
La música puede educar.
La cultura puede educar.
Una entrevista puede dejar una enseñanza.
Una parodia puede provocar reflexión.
Una historia puede transmitir valores.
La televisión de entretenimiento también tiene una responsabilidad cultural.
Por eso, el reto de “Bemberé” no debería ser convertirse en una copia de la televisión del pasado, sino rescatar aquello que funcionaba de aquella televisión y combinarlo con las herramientas del presente.
Y ahí está probablemente su mayor desafío.
No todo lo viral es necesariamente valioso
La audiencia tiene derecho a consumir lo que quiera. Nadie debería pretender imponer qué debe ver la sociedad.
Pero los medios también tienen derecho a plantearse una pregunta:
¿Queremos competir solamente por atención o también queremos competir por calidad?
Un contenido puede conseguir millones de reproducciones y no necesariamente dejar algo positivo.
Otro puede generar menos escándalo y, sin embargo, entretener sanamente, presentar talento, rescatar la música, estimular la creatividad o simplemente permitir que una familia se siente junta a disfrutar una hora de televisión.
Ese segundo modelo también merece espacio.
El verdadero juicio será con el tiempo
Tampoco sería justo convertir el estreno de “Bemberé” en una coronación definitiva.
Un primer día exitoso no garantiza una temporada exitosa.
El verdadero desafío será mantener la calidad, renovar los segmentos, evitar que el formato se vuelva repetitivo y demostrar que una televisión menos dependiente del escándalo puede sostener audiencia.
Ahí estará la verdadera prueba para Alfonso Rodríguez y su equipo.
Pero, por ahora, hay algo que sí puede decirse:
“Bemberé” ha abierto una conversación que la televisión dominicana necesitaba.
¿Es posible entretener sin caer permanentemente en la vulgaridad?
¿Se puede hacer humor sin destruir reputaciones?
¿Se puede hablar de actualidad sin convertir cada programa en una pelea?
¿Se puede hacer televisión con sabor a otra época y, al mismo tiempo, conectar con las nuevas generaciones?
La respuesta no la dará una crítica ni un comentarista.
La dará la audiencia.Y quizás ese sea el mayor mérito de “Bemberé”: recordarnos que en televisión no todo tiene que ser gritos, escándalos y polémicas para llamar la atención.A veces también hace falta simplemente hacer televisión.

0 Comentarios