Por: Ezequiel Nova
Hay algo que deberíamos aprender de una vez por todas en la televisión dominicana: la edad no borra el talento y el paso del tiempo no invalida una trayectoria.
El regreso de Georgina Duluc a Divertido con Jochy como coanimadora ha generado expectativas, pero también, como suele ocurrir en las redes sociales, seguramente abrirá la puerta a comentarios sobre su edad, su apariencia física y los cambios naturales que experimenta cualquier ser humano con el paso de los años.
Y aquí es donde vale la pena detenernos.
¿Desde cuándo una mujer tiene que conservar exactamente el mismo rostro, el mismo cuerpo o la misma apariencia que tenía hace 20 años para demostrar que todavía puede trabajar en televisión?
Georgina no está regresando para competir con la Georgina de hace dos décadas. Está regresando siendo la mujer y la profesional que es hoy.
Su historia en los medios habla por ella. Ha sido presentadora, actriz y comunicadora, con una carrera que incluye televisión, cine y teatro. Incluso Divertido con Jochy forma parte de sus propios orígenes profesionales, por lo que este regreso tiene un significado especial.
Por eso, reducir su incorporación al programa a una discusión sobre si “se ve igual”, “se ve más vieja” o “está cambiada” sería quedarse en la superficie.
La televisión necesita rostros, pero también necesita experiencia, personalidad, criterio y capacidad para comunicar.
Y Georgina tiene algo que no se compra con filtros, cirugías, maquillaje ni juventud: historia televisiva.
A las mujeres del entretenimiento se les exige muchas veces una perfección que ni siquiera se les exige a los hombres. A ellos se les permite envejecer, cambiar de apariencia, ganar canas y regresar a televisión con el argumento de que tienen experiencia.
Entonces preguntamos:
¿Por qué a una mujer se le pretende retirar ese mismo derecho?
Georgina Duluc tiene derecho a envejecer. Tiene derecho a cambiar. Tiene derecho a lucir diferente. Tiene derecho a reinventarse. Y, sobre todo, tiene derecho a seguir trabajando.
Su regreso junto a Jochy Santos no debería convertirse en un concurso de belleza retroactivo. Debería ser observado como lo que realmente representa: una profesional que vuelve a un escenario que conoce y que ahora enfrenta un nuevo reto desde otra etapa de su vida.
Y sí, seguramente habrá quienes comparen fotografías de 2002 con imágenes de 2026.
Pero hay una comparación mucho más interesante:
¿Qué tenía Georgina entonces y qué tiene Georgina ahora?
Antes tenía juventud.
Hoy tiene juventud vivida, experiencia, aprendizaje y una carrera construida.
Eso también vale.
En una sociedad donde muchas veces se premia la apariencia por encima del contenido, defender la permanencia de profesionales experimentados también es defender una televisión más madura.
No se trata de decir que Georgina es intocable ni de impedir que el público opine. La crítica forma parte del espectáculo. Pero una cosa es analizar su desempeño como presentadora y otra muy diferente es convertir su edad o su cuerpo en el centro de la conversación.
Si funciona frente a las cámaras, si conecta con el público, si aporta personalidad al programa y si logra demostrar nuevamente su capacidad, entonces serán esos elementos los que deberían pesar.
Porque al final del día, la cámara no entrevista la fecha de nacimiento. La cámara necesita una persona capaz de comunicar.
Y Georgina Duluc ya demostró hace mucho tiempo que sabe hacerlo.
Ahora le corresponde a esta nueva etapa hablar por ella.
Bienvenida nuevamente a casa, Georgina. Que te juzguen por tu trabajo, no por los años que llevas viviendo.
— Crónicas Con Nova

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