Por Jairo Arturo Cano Rivero
Desde muy pequeña, Alessia Drago sintió que el movimiento era su lenguaje natural. Hoy, con tan solo 24 años, esta joven bailarina peruana se ha convertido en una inspiración para muchas personas que ven en la danza no solo una forma de arte, sino una herramienta de sanación y empoderamiento. Su historia es un reflejo de cómo la constancia y la conexión con uno mismo pueden transformar una pasión en una carrera significativa.
¿Qué te motivó a transformar una pasión de infancia como el baile en una carrera profesional, y cómo influyó tu experiencia personal en esa decisión?
Fue la manera en cómo me sentía al hacerlo. Bailar me hace feliz, libre… me permite expresarme y desahogarme. Cuando pasé por momentos personales difíciles, descubrí que la danza era mucho más que un pasatiempo: era una forma de soltar lo que no podía decir con palabras.
En lugar de evadir sus emociones, Alessia las convirtió en movimiento, y ese proceso la llevó a conectar con su interior de una manera profunda y liberadora.
Hoy, Alessia no solo ha logrado convertir su pasión en una profesión, sino que también ha encontrado un equilibrio entre el cuerpo, la mente y las emociones. Su historia nos recuerda que cuando hacemos lo que amamos —y lo hacemos con propósito— no solo crecemos profesionalmente, también sanamos y empoderamos desde dentro.

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