Por Ezequiel Nova
En los últimos días, la participación pública de Yesenia Núñez en relación con la situación que involucra a su sobrino, Lenin Núñez, ha generado cuestionamientos en distintos sectores de la sociedad dominicana.
Nadie puede cuestionar el derecho de una tía a preocuparse por un familiar. Sin embargo, cuando se trata de un caso tan delicado como una agresión que terminó con la muerte de una persona, consideramos que una figura pública debe actuar con especial prudencia.
No se trata de pedirle a Yesenia que abandone a su sobrino ni que deje de brindarle apoyo familiar. Se trata de entender que existe una diferencia entre acompañar a un familiar en privado y asumir públicamente una posición sobre hechos que todavía están siendo investigados.
En este caso, ha circulado públicamente un video que aparenta mostrar a Lenin Núñez golpeando con un bate a la víctima. Corresponde a las autoridades investigar las circunstancias, valorar ese material y determinar las responsabilidades que legalmente correspondan.
Este medio no pretende sustituir a la Justicia ni declarar culpable a nadie.
Pero tampoco consideramos correcto ignorar las imágenes que han sido difundidas públicamente.
Si las autoridades determinan que Lenin Núñez tuvo responsabilidad en la agresión, deberá responder conforme establezca la ley. Y si una tercera persona habría cometido una estafa o engaño que originó el conflicto, esa situación también deberá ser investigada y determinarse de manera independiente.
Una posible estafa no justifica una agresión física ni convierte automáticamente a quien presuntamente cometió el engaño en responsable de una muerte. Cada hecho y cada responsabilidad deben analizarse por separado.
Y en medio de todo esto hay algo que nunca debemos perder de vista: la víctima.
Era un ser humano con familia, proyectos, responsabilidades y una vida que terminó de manera trágica. También merece respeto, justicia y que las circunstancias de su muerte sean esclarecidas.
Por eso entendemos que Yesenia Núñez, precisamente por ser una figura pública, pudo haber optado por una posición más prudente: acompañar a su sobrino en el ámbito familiar y permitir que sean las autoridades quienes establezcan la verdad de los hechos.
Cuando una personalidad conocida se pronuncia públicamente sobre un caso de esta naturaleza, sus palabras tienen un peso diferente y pueden generar una percepción de respaldo, aunque esa no sea necesariamente su intención.
No estamos condenando anticipadamente a Lenin Núñez. Tampoco estamos atribuyendo a Yesenia Núñez responsabilidad alguna en los hechos.
Estamos haciendo una reflexión sobre el papel que deben asumir las figuras públicas cuando un familiar está involucrado en un caso que incluye violencia, una muerte y una investigación en curso.
La sociedad dominicana merece conocer toda la verdad.
Que se investigue a todos los involucrados.
Que se escuchen todas las versiones.
Que se valoren las evidencias.
Y que, si existen responsables, respondan ante la Justicia.
Porque en un caso donde una persona perdió la vida, el parentesco no puede estar por encima de la verdad, y la fama tampoco puede estar por encima de la justicia.
Editorial de Crónicas con Nova
Información veraz y actualizada.

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